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Tocan a la puerta

Tocan a la puerta

op-1incapacidadPor Fernando Romero Bolaños

La historia está llena de ejemplos que nos muestran que en la democracia la condición de ciudadanía (de a verdad)  es fruto de la iniciativa y de la lucha de grupos de personas que demandan ser reconocidos como parte de una comunidad política y por ende con los mismos derechos  y deberes de quienes ya forman parte de ella.

Como lo demuestra la experiencia de los movimientos de mujeres,  el derecho al sufragio, que fue una de las luchas precursoras del feminismo en los países del norte,  ha sido el inicio de  un proceso  que dura hasta la actualidad y que hoy tiene como  una de sus demandas  más importantes la reivindicación por sus  derechos sexuales y reproductivos.      Si bien son derechos que generan el rechazo de los sectores más conservadores y  se constata  que existen  poderosas fuerzas que buscan revertir los avances logrados, podemos decir que las mujeres  han conseguido entre otras cosas colocar en la agenda pública sus puntos de vista.

En los últimos años se hace más evidente la presencia de grupos y  movimientos  con  identidades antes despreciadas, negadas u  ocultadas, que  demandan el reconocimiento  de sus derechos, respeto a su condición y formas de vida  y cambio en las reglas de juego que impiden su participación plena en la sociedad peruana.

El movimiento que probablemente venga a la  mente de quienes lean este artículo sea el  indígena amazónico y sus luchas en defensa de sus formas de vida y en demanda por el  reconocimiento de sus derecho al territorio en el que viven, y no les faltaría razón por la forma como su desempeño ha remecido la sociedad peruana.

Sin embargo, en esta oportunidad quiero poner la atención en la presencia de las personas con discapacidad (PCD) que vienen presionando a la sociedad peruana  para que les abra la puerta y  la manera como sus demandas cuestionan varios de  fundamentos en los que se basa nuestra vida en comunidad, trayendo aires nuevos y democratizadores. (1)

La vida de la mayoría de personas con discapacidad está marcada por las más diversas exclusiones. Comenzando por la manera como son vistos,  como enfermos o anormales, que lleva a que  sus propias familias los aíslen u oculten y que la sociedad asuma  que quienes la viven no puedan ser personas autosuficientes, incapaces de ganarse la vida por sí mismos y menos aún puedan realizar un  aporte a la comunidad que valga la pena reconocer.  Consecuencias de esa visión predominante es que de los 900 mil niños con discapacidad sólo el 5% acceda a la educación y que del total de PDC en el Perú, alrededor de tres millones,   sólo un 11% tenga trabajo.

Pero las visiones y las situaciones descritas pueden ir cambiando. Grupos de PCD cuestionan los criterios con que la normalidad y enfermedad es definida, promueven nuevas visiones sobre el cuerpo  y su estética,   demandan cambios en las políticas y enfoques  educativos, promueven acciones públicas cuestionando la manera como la ciudad ha sido construida, se ríen de quienes expresan pesar por su estado.

Hechos públicos relativamente recientes que ayudan a graficar mi argumento son, por ejemplo,  la selección del abogado invidente Edwin Béjar Rojas como fiscal, luego que el CNM le negara este derecho basado en su situación de discapacidad; la aprobación en mayo del año pasado,  gracias a la incidencia de las personas sordas, de la ley que oficializa la lengua de señas, creando las condiciones para que sea de uso obligatorio en los centros educativos y  la iniciativa legislativa que presentó la CONFENADIP y SODIS al Congreso,  con el respaldo de más de 57 mil firmas, para adecuar la legislación peruana al marco normativo internacional establecido por la Convención de las Naciones Unidas, que tiene como característica más importante su enfoque basado en derechos.

En esta campaña electoral son vistos como un sector electoralmente importante, lo que ha llevado a que casi todas las listas políticas integren a candidatos con algún tipo de discapacidad. Las discusiones que sobre ellos se han dado en este contexto muestran las concepciones frente a la discapacidad presentes en la política. Permanece aquella que los asume como minusválidos (no capaces) que requieren de asistencia y caridad  hasta aquella  que plantea los cambios necesarios para que ejerzan sus derechos y  desarrollen su autonomía.

Es poco probable que esta última posición tenga respaldo mayoritario en esta oportunidad, pero eso no va a ser impedimento para que la demanda por ciudadanía de las PCD no siga haciéndose más fuerte, no logre avances, hasta conseguir que la puerta se abra.

Nota:

(1) Otro movimiento que es cada vez más activo públicamente es el LGTB.

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